ENCERRADA EN LIBERTAD
Él me humillaba,me regañaba,gritaba y dejaba marcas,sin motivos;entraba en casa tras ver un partido en el bar y al oír la llave girando la cerradura,sabía que mañana me tendría que maquillar,pues yo veía en la tele también el partido y si perdía su equipo,por más que me esmerase en la cena y le quitase los zapatos al entrar,sabía que ese día tocaba paliza.Me terminé acostumbrando,me dediqué a esperarlo,aunque sabía que esa no era justificación para tocarme.
Al principio cuando había más gente con nosotros, me trataba muy bien,me abrazaba,me dejaba desabrocharme el primer botón de la blusa,me cedía un sitio en el metro yendo él de pie...simplemente era un forofo de su partido y descargaba contra mí la rabia que sentía por ellos,al no haberlo dado todo en el campo;pero después todo cambio,eran golpes constantes,sin razón,hasta que me dejó esteril, cuando derribó la escalera en la que estaba subida cambiando las cortinas.
Se derrumbarón los perdones,las oportunidades y mi sonrisa y decidí que era él o yo,pero mi felicidad,mi vida no podía estancarse en esa rueda que me axfisiaba y que seguramente algún día me ahogaría.
Estaba durmiendo,parecía hasta bueno,suspiraba tranquilo,pero mi corazón,mi mente golpeaban mi pecho y mis sienes,reclamando venganza en cada paso de sangre;debía acabar con él,sino quería que fuese al revés.Le clavé una tijera en el pecho,acerté dandole al corazón, ese corazón que él tantas veces maltrató.
Ahora me encuentro en esta triste y gris prisión,sin saber si llorar,gritar o sonreir,pues aunque este encerrada,estoy libre,pues nadie jamás me volverá a levantar la mano.






Pedro Escudero dijo
Una historia tremenda, de las que hacen que te atragantes, por que sabemos que esas cosas suceden. Ojalá no vuelvan a darse casos así. Tú demomento con tu cuento-denuncia has puesto tu granito de arena.
Un saludo,
Pedro.
31 Octubre 2008 | 09:43 AM